Capilla San Antonio de Padua edificada en 1845 entre dos barrancas

Milenaria tradición religiosa en San Juan del Río

Por Armando Guerra Vázquez

SAN JUAN DEL RÍO, QRO., 5 de marzo de 2016.- Para llegar a la capilla de Santa Antonio de Padua hay que caminar entre Barrancas y peñascos, localizada en los límites de las comunidades de San Pedro Potrerillos, San Antonio La Labor, Perales, San Pablo Potrerillos y Estancia de Bordos, sus habitantes aseguran que la edificación de este recinto religioso data de 1845 y que para ello se tuvieron que utilizar mulas y caballos para llevar hasta la cima de las barrancas el material para su construcción.

Para conocer a este pequeño templo no hay otra manera más que caminar y caminar, a los devotos de esta imagen, no les importa transitar entre escabrosas barrancas, el último domingo de cada mes se pueden apreciar niños, hombres, mujeres y ancianos caminar entre enormes rocas para llegar hasta la capilla, “es la fe de la gente que los hace subir peñascos y peñascos”, señala ya muy sudoroso el padre misionero Xaveriano Eugenio, quien camina junto con sus feligreses hasta llegar a la cima de las barrancas, ahí donde se organiza una milenaria tradición religiosa en la que la gente lleva su comida para convivir juntos, todos alejados de la gran civilización.

Allá, en la cima de las barrancas solo dos o tres antiguas casuchas que edificaron los primeros pobladores de la región, “todo aquí se construyó con agua de lluvia y el material se trasladó cargado en los lomos de las mulas”, señala con orgullo Lázaro Pichardo, a quien todos conocen como Don Chalo, uno de los impulsores de esta tradición religiosa.

La capilla se erigió en honor a todos los jóvenes de las comunidades aledañas, que cada año emigran a la Unión Americana en busca de mejores horizontes, a la que cada año el día 13 del mes de junio se realiza la gran fiesta al santo patrono, ese día, llegan peregrinos de varias partes del país, ahí en su atrio, se instalan enormes casas de campaña en la que pasan la noche al lado del milagroso San Antonio de Padua.

Ya dentro en la capilla, en sus enormes paredes de casi un metro de espesor, se pueden apreciar infinidad de milagros en figuras de fierro, mientras que en el altar abundas las fotos de familias de cientos de inmigrantes que trabajan como indocumentados en los Estados Unidos, allá en aquella foto se distingue un emotivo mensaje: “Le enbío esta foto a mis ijos Daniel y Teresa, espero que estén vien, yo aquí en California travajando esperando pronto nos volvamos a ber”. Y así infinidad de mensaje colgados en las paredes del templo. Cuando la fe rebasa cualquier imposible, ahí la ortografía no importa.

Luego viene el regreso, los cientos de feligreses se dispersan entre las barrancas para regresar a sus comunidades, esperando que llegue el último domingo del próximo mes para regresar a ver a su santo milagroso, quien cuida las excepcionales barrancas que existen en la zona y que son la admiración de propios y extraños.

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