Por mis hijos terminé la relación; los violentaba

Por Alva Espejel

PUEBLA, PUE., 10 de mayo de 2018.- Vanessa conoció a su expareja en el trabajo, la empezó a pretender, la enamoró y al poco tiempo se hicieron novios. Desde el principio notó que era celoso y posesivo, pero al sentir presión social por tener una pareja, pensó que esas acciones eran normales.

Tuvo la oportunidad de irse a trabajar a la Ciudad de México, decisión que no le agradó a su pareja, pues consideró que en otra ciudad una mujer tenía más posibilidades de ser infiel. A pesar de que le dio las llaves de su departamento, que se comunicaba casi todos los días y tenían un pacto de verse cada fin de semana, su novio no estaba conforme.

Su inseguridad hizo que la visitara sin previo aviso para verificar que no erainfiel, la vigilaba antes de salir del trabajo y constantemente la llamaba. Ella creía que lo hacía por amor, siguieron saliendo, quedó embarazada y al poco tiempo se casaron.

Previo a su embarazo, su novio le decía que quería un hijo y hacer juntos una familia, sin embargo, cuando llevaba algunos meses de gestación, su relación cambió.

Su pareja empezó a insultarla, a distanciarse y las agresiones siguieron hastael día que dio a luz; al ser parto por cesárea sentía dolores, y no podía hacer muchos esfuerzos, pero su marido se burlaba y dejó que ella se hiciera cargo del recién nacido.

Vanessa relató que fue educada con base a la religión cristina y cuando intentó dejar a su esposo quiso estrangularla; su familia le dijo que no podía hacerlo, porque la religión indicaba que los sacrificios posteriormente son recompensados.

Por consejo de sus familiares, su pareja se refugió en la religión, le prometió que ya iba a cambiar y le pidió que no lo dejara. Ella lo perdonó con la esperanza de tener una familia como había soñado y tuvieron un periodo de “luna de miel” que duró poco tiempo.

Nuevamente Vanessa se embarazó y con el nacimiento de su hija regresaron las agresiones. A su expareja lo despidieron y ella tuvo que regresar a trabajar para mantener a toda la familia, pero eso generó más celos y problemas.

Su cónyuge la esperaba todos los días afuera de su trabajo para verificar que no fuera infiel, y una vez por celos le rompió el celular, de ese pleito le lastimó la mano. Vanessa aseguró que el mensaje era de otros padres de familia, puesingresó al comité de la escuela.

Un día platicando con una amiga, le dijo “ya no puedo más”, cuando le preguntó qué le había pasado a su celular, Vanessa le confesó a esta persona todo lo que vivía. Ella le sugirió visitar a la asociación Reconstruyéndonos como Mujeres para que la orientaran.

Al acudir a sus oficinas, le hicieron varias preguntas y en conjunto armaron un plan de seguridad. Hay que señalar que Vanessa acudió como primera instancia al Instituto Poblano de la Mujer (IPM), pero su ayuda fue escaza, y no pudieron bridarle apoyo ni orientación.

Sus hijos fueron parte importante para terminar con su relación destructiva, ya que su padre les estaba enseñando violencia y ponía en primer lugar al niño y en segunda instancia a la mujer. “Mi hijo estaba aprendiendo lo mismo, me faltaba al respeto porque para él era normal. Y si seguía con él y en algún momento violentaban a mi hija en su adultez con qué cara le iba a decir: déjalo, si yo no lo había hecho”, comentó.

Después de varios pelitos legales, pláticas y de desgaste emocional, Vanessa Alejandra logró dejar a su pareja. Aunque siempre quiso ser madre, aprendió que su maternidad fue otra forma de violencia y opresión; ahora lucha por darle una mejor vida a sus hijos.

A las madres que sufren violencia, y no han podido dejar a sus parejas les dijo lo siguiente: “Me duele la situación que están pasando, a lo larga de la historia han existido muchas mujeres que han luchado y algunas de ellas han dado todo por nuestra causa, precisamente para que las mujeres y niñas vivamos libres de violencia. Merecen una vida tranquila, en paz y feliz, los sueños que tiene son posibles”, finalizó.

Cabe mencionar que la asociación que ayuda a las mujeres para evitar la violencia en el noviazgo se llama “Reconstruyéndonos como mujeres” y el número de atención es: 2226535451.

¿Cómo identificar una relación violenta?

La violencia que se vive en los hogares o por parte de parejas o amistades no se ve y por lo regular se habitúan a convivir de esta manera. Por ello, proporcionaremos algunas claves para identificar si estás viviendo en una situación de violencia.

1.    La violencia es un maltrato, entonces una manera de identificarla es preguntarnos si estamos o no recibiendo un buen trato.  Las palabras y actitudes, amables, amorosas, sinceras, delicadas, asertivas, respetuosas y consideradas son características de una persona o relación de buen trato.

2.    ¿Cómo se siente el cuerpo y cómo te sientes tú frente a esa persona?

Esta señal podría ser clave, si la persona te hace sentir miedo, inseguridad o sientes que haz dejado de valorar tu cuerpo y aspecto de tu vida puedes estar viviendo una relación violenta.

3.    Las relaciones amorosas producen crecimiento. El amor nutre la vida de las personas, por este motivo, si una de tus relaciones, te estanca, pesa o te impide avanzar puede ser que sea una relación violenta.

4.    Si te sientes profundamente confundida pues a pesar de que cumples las claves anteriores, hay momentos en los que parece que tocas el cielo con esa persona, has llegado a pensar que es el amor de tu vida y que no podrás vivir sin él o ella. Pero las personas que les conocen te han hecho saber que hay algo que no les gusta y tú has optado por alejarte o sentirte totalmente incomprendida.

5.    Por último, hay violencias más visibles, en nuestra cultura se ha normalizado, ya que los roles de género producen a la larga una terrible desigualdad en las relaciones de pareja. Si en tu relación están muy arraigados estos roles y estereotipos cuidado, es un terreno fértil para que surja la violencia