“El Niño Cristero”, nuevo Santo mexicano, ungido patrono de los monaguillos de Querétaro

Por Armando Guerra Vázquez

QUERTARO, QRO.- 15 OCTUBRE DE 2016.- Este día El Vaticano ungirá a  José Sánchez del Río, “El Niño Cristero”, como nuevo Santo Mexicano, mientras  que la iglesia católica queretana ya también lo nombró como el santo patrono de todos los monaguillos de Querétaro.

Combatiente de la Guerra Cristera en la zona del Bajío que comprendía la sierra de Xichú y Atarjea en Guanajuato, se sabe que El Niño Cristero algún tiempo visitó tierras queretanas al lado de sus padres combatiendo a los cristeros que se oponían a quienes profesaban la fe católica en la región durante el gobierno de Don Plutarco Elías Calles.

Cuando su Santidad Francisco pronuncie la fórmula oficial en latín, «Joselito», como lo conocían cariñosamente sus familiares y amigos, José Sánchez del Río  será elevado al honor de los altares, reconocido como mártir y será propuesto como un modelo y ejemplo para los jóvenes del mundo católico.

La ceremonia del rito de  canonización de él y otros seis beatos, entre ellos el cura «gaucho» argentino José Gabriel Brochero, será encabezada por el Papa Francisco y está prevista para las 10:30 horas locales (09:30 GMT) del próximo domingo en la Plaza de San Pedro o sea a las  (3:15 de la madrugada de hoy  en México), donde entre los invitados se encuentra en Obispo de Querétaro Faustino Armendáriz Jiménez quien representa la  Presidencia  de la Comisión de Laicos del Episcopado Mexicano.

Remembranza de El Niño Cristero.

Nacido el 28 de marzo de 1913 en la localidad de Sahuayo, en el central estado mexicano de Michoacán, Sánchez del Río ingresó a las tropas católicas que se enfrentaron al ejercito del presidente Plutarco Elías Calles dando vida a un conflicto interno conocido como «Guerra Cristera» (1926-1929).

«No me agrada mucho que le digan niño mártir porque no era un niño, era un adolescente maduro y le faltaba un mes y medio para cumplir 15 años», explicó Fidel González, postulador (abogado defensor) de la causa de Sánchez del Río, en entrevista.

El sacerdote, que condujo ante el Vaticano la causa de canonización, aclaró que un muchacho 15 años de esa época correspondería, desde un punto de vista psicológico, a un joven de 18 años en la actualidad, por «la madurez humana», la conciencia que tenía en el «sentido de la libertad» y «la responsabilidad».

Precisó que desde los 12 años, Joselito tenía certeza sobre su decisión de defender su credo y lo demostró incluso durante los interrogatorios bajo tortura que precedieron su martirio.

Recordó que la familia de Joselito no era pobre, tenía recursos como bienes y terrenos y por eso el político local, Rafael Picazzo (amigo de la familia y padrino de comunión del propio muchacho), le pidió cinco mil pesos en oro para liberarlo.

Cuando el muchacho se enteró dijo: «¡Mi fe no está en venta!».

«Después de la terrible tortura de desollarle los pies, picarle todo el cuerpo con verduguillos para que no muriera sino que sufriera y de romperle la mandíbula con la culata de un fusil, él seguía gritando viva Cristo Rey, viva la Virgen de Guadalupe», destacó.

«Su muerte fue un acto heroico, porque cuando matan el caballo de su comandante en una emboscada, él le ofrece el suyo porque el joven le dijo que era más importante él como militar. Al ser capturado sabía que lo iban a matar», agregó.

Contó que Picazzo (autor intelectual del crimen) al final de sus días, mientras viajaba en tren desde México a Sahuayo, fue acuchillado; ya moribundo pidió un sacerdote, un viajero se levantó, se identificó como clérigo y le administró la absolución.

Mientras que los autores materiales de la tortura y crimen de Joselito, años después reencontraron la fe en Sahuayo, de donde eran originarios. Así expiaron una culpa que no se podían quitar, añadió.

«Desde el principio la gente lo consideró un mártir, de Cristo y de los derechos humanos. Por eso recogieron la arena con la sangre de sus pies y organizaron procesiones a su tumba, por eso no fue difícil realizar su proceso de canonización», aseveró González.

«Fue un ejemplo sublime de madurez humana y cristiana. Su historia nos demuestra que el diablo está vivo y tiene un ‘cuerpo místico’ de quienes se adhieren a Satanás, cuyo interés es ‘deshumanizar a la persona’ porque, deshumanizándola, desfiguran el rostro de Dios», sostuvo.